E.I.C.O.
Manuel Belgrano
“La vida es nada si la libertad se pierde.”
20 de junio como fecha patria recuerda el fallecimiento de Manuel Belgrano, que fue ese día en 1820. Se atribuye a este prócer argentino la creación de la bandera.
Belgrano fue, según cuenta la historia, el general a cargo del primer regimiento argentino que enarboló este símbolo patrio en batalla, simbolizando la unidad de las provincias del Río de la Plata, que deseaban erigirse como nación independiente de la corona de España.
La bandera argentina fue izada por primera vez a orillas del Río Paraná en 1812. Se la conformó blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional, y la encargada de confeccionarla fue María Catalina Echevarría, quien también fue invitada a asistir al izamiento, por más que en ese momento no era común que una mujer asistiera a un acto militar. Se cree que esas banderas que acompañaron al Ejército de Belgrano en la Campaña del Norte son las “banderas de Macha” que fueron encontradas en 1883 en una capilla de la actual Bolivia.
Belgrano había nacido el 3 de junio de 1770. Su madre, María Josefa González Casero, era santiagueña y provenía de una familia que integraba el grupo de la alta sociedad de Buenos Aires. Su padre, Dominico Belgrano Peri, era un comerciante de origen genovés. Belgrano estudió en el Colegio San Carlos (antecedente del Colegio Nacional de Buenos Aires). Se graduó como abogado en España y al poco tiempo fue nombrado Secretario en el Consulado de Comercio en Buenos Aires. Comerciante y hombre de leyes, fue vocal en la Primera Junta de Gobierno y fundador del Correo Comercial, un periódico que fundó en febrero de 1810 para difundir las ideas antirrealistas y de la Revolución. Si bien había participado en las milicias urbanas que resistieron la Primera Invasión Inglesa en Buenos Aires (1806) y había combatido junto a Liniers en la Segunda Invasión (1807), después de 1810 su periplo fue el propio de un jefe político y militar.
En 1812 fue nombrado jefe militar del Ejercito Norte para combatir a los realistas. Condujo el conmovedor repliegue civil conocido como el “Éxodo jujeño” (agosto de 1812), lideró las tropas que triunfaron en Tucumán (septiembre de 1812) y Salta (febrero de 1813), y fue derrotado en Vilcapugio (octubre de 1813) y Ayohuma (noviembre de 1813). Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido.
Bandera Nacional Argentina
La bandera fue creada un 27 de febrero de 1812, en una coyuntura bélica en la que los criollos necesitaban un distintivo para el campo de batalla. Así lo manifestaba Belgrano en el Oficio que manda al Gobierno de Buenos Aires: “Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional…”
Nuestra insignia sufrió cambios a lo largo del tiempo, ya que no estuvo ajena a las tensiones inherentes al complejo proceso de conformación de nuestro Estado Nacional. Fue empleada como elemento de cohesión, al ser reconocida por el Congreso de Tucumán en 1816 y ser usada por San Martín como enseña para el Ejército de los Andes en 1817; o cómo uno de división en la época de la Confederación, ya que Rosas cambió el celeste por el azul para diferenciarse del gobierno Unitario. En ese sentido, este día es una oportunidad para reflexionar en torno a los símbolos patrios como una construcción social de la identidad nacional. La bandera celeste y blanca, como símbolo y representación de “lo argentino”, desde un análisis simbólico, nos refiere a un cúmulo de significados culturales que se entrelazan a lo largo de nuestra historia.
Los símbolos patrios, forjados en el siglo XIX al calor de revoluciones y transformaciones político - institucionales de gran envergadura, funcionaron como identificadores del sector dirigente de la sociedad argentina en formación. En primer lugar, se necesitaron como refuerzos de las ideas revolucionarias de la época, para diferenciarse del enemigo realista. Luego, con el devenir del siglo XIX y el reforzamiento del pensamiento nacionalista, los símbolos patrios sirvieron de aglutinante para llevar a cabo el objetivo primordial de la clase dirigente argentina: la creación de ciudadanos y su identificación con la patria. En ese sentido, el rol que tuvo la instrucción primaria y la educación en general fue fundamental para el reforzamiento colectivo de las creencias nacionalistas.
Para la década de 1930, durante la “Década Infame”, el Estado impone prácticas sociales que giraron en torno al reforzamiento de los sentimientos nacionalistas. Entre ellas, se instituye la práctica escolar de la promesa a la bandera, ritual mediante el cual los/as alumnos/as de escuelas primarias dicen “¡Sí, prometo!” Luego de la frase: “Prometes ser leal a nuestra bandera, a los valores de libertad, igualdad y solidaridad que ella simboliza. A ser un ciudadano/ciudadana que respete en todas sus diferencias aquellos que habitan en nuestro suelo”.
Así la bandera se constituye en el símbolo patrio más importante de nuestra nación, ya que no se le promete lealtad al himno, al escudo nacional… ¡Ni siquiera la Constitución o la República! Aún en la actualidad, inmersos en un habla sin comunicación, en formas sin sustancias, la bandera como símbolo, condensa un largo proceso histórico de construcción de significados, de una posibilidad de integración armónica de elementos contrapuestos pero que no son, por su propia naturaleza, necesariamente irreductibles en torno la heterogeneidad propia de “lo argentino”